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Bertha Hernández de Ospina

BERTHA HERNÁNDEZ DE OSPINA

El 17 de abril de 1907 nació en Medellín Bertha Hernández Fernández, hija de Antonio Hernández y Mercedes Fernández. De diez hijos, ella fue la novena. No imaginó su padre, un próspero comerciante, ni su emprendedora y animosa madre, que su pequeña fuera a tener un papel tan importante en la historia de Colombia. Lo que, si percibieron desde su niñez, fue su fuerte personalidad y su talante independiente.

Desde sus primeros años, era claro que a Bertica no la domaría nadie. Actuaba y opinaba como sus hermanos. Montaba a caballo “al pelo” e intervenía en las conversaciones de los mayores. Jamás aceptó limitaciones, mucho menos aquellas impuestas por ser mujer.

Doña-Bertha-en-el-Campo

A los 17 años conoció a Mariano Ospina Pérez, 17 años mayor que ella, nieto del presidente Mariano Ospina Rodríguez, uno de los fundadores del Partido Conservador colombiano; sobrino del presidente Pedro Nel Ospina Vázquez, e hijo de Don Tulio Ospina Vázquez, académico y fundador de la Escuela de Minas de Antioquia.

Ospina Pérez era en ese entonces ministro de Obras Publicas del gobierno de Abadía Méndez. A Doña Bertha, nombre con que todos la conocían, le encantaba recordar: “Yo no sabia quien era, solo me pareció un moreno muy interesante y su discurso, desde la plataforma del tren en que llegó a Medellín, me encantó.  Esa misma tarde le dije a mi hermana María: ¡con ese negro tan bien plantado me caso yo!” La emoción que tal recuerdo causaba en ella era evidente.

Doña Berha con Marino Ospina Pérez

La de ellos fue una unión plena de triunfos personales y políticos. Él llegaría a la Presidencia de la Republica y ella, luego de participar en una ardua y determinante lucha para obtener el voto femenino, sería una de las primeras mujeres en participar en política en Colombia. Primero en la Cámara de Representantes y luego en el Senado.

Ospina Pérez y Doña Bertha compartieron grandes momentos de la historia colombiana. Quizá el más importante y dramático de sus vidas y del país, fue el 9 de abril de 1948, conocido como “El Bogotazo”.

Las asonadas e incendios ocurridos en Bogotá y, muy específicamente, los azarosos ataques contra el Palacio de Nariño, sede de la presidencia, pusieron en gran riesgo sus vidas y la integridad del gobierno democráticamente constituido. 

Unidos, valerosamente, defendieron la democracia colombiana amenazada ese oscuro día y los días consecutivos. Al presidente Ospina jamás le tembló la mano y Doña Bertha permaneció a su lado, dispuesta a defenderlo hasta la muerte.

Durante su vida, Doña Bertha personificó el valor, la franqueza, la sagacidad, la sencillez y, ante todo, la evolución y avance de la mujer colombiana en el siglo XX.

Para ella lo primero fue siempre Colombia, país que recorrió palmo a palmo. El amor por su Patria se entrelazo con el amor por su marido. Doña Bertha fue para muchos una mujer de un temible temperamento. Amargó la existencia de sus enemigos políticos quienes la temían por su agudeza. Sin embargo, fue siempre la más leal y desinteresada amiga de sus amigos. Trabajadora incansable por su Partido Conservador. Defensora a toda costa de los campesinos, por quienes sentía un cariño de madre.

Sus jardines de orquídeas fueron lo que más placer le dio, en ellos desbordó toda su creatividad, su sentido de orden y belleza. En ellos celebró los mejores momentos de su vida y se refugio en los peores.

Era también una arquitecta de corazón. Siempre tuvo proyectos de construcción, quizá una casita, escuela, iglesia, o simplemente una pequeña gruta para colocar una virgen a la entrada de una vereda. Luego, convencía a su marido para que le financiara la obra. Mariano solía decir: “Cuando yo veo a Bertica diseñando planos me empieza a temblar el bolsillo, quién sabe cuánto me va a costar”. Hay por toda Colombia, simples construcción que ella diseñó y regaló a una familia, vereda o pueblo. Sin embargo, en la vereda La Balsa de Chía, Cundinamarca, una escuela de primaria que por muchísimos años llevo su nombre, un alcalde   se lo cambió.

Doña Bertha y sus Orquídeas

Hoy, su memoria inunda mi vida, la de los que la conocieron y la de Colombia. La recuerdo como una madre estricta, pero alegre, inteligente y aventurera. La política del país la recuerda por sus Tábanos, agresiva columna que publicó por más de 26 años, en diferentes diarios del país, donde, “sin pelos en la boca”, atacó o defendió a quien considerara que lo merecía.

Durante los últimos años de su vida impulsó la Fundación Mariano Ospina Pérez. Un lugar para recordar y continuar con las obras de quien fuera su compañero por 59 años.

Doña Bertha Hernández de Ospina fue una mujer que abrió muchos caminos, antes cerrados a las mujeres, por los hoy todas transitamos.

María Clara Ospina Hernández

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